Aquest deute no s’ha de pagar

Estàndard

Recentment he llegit un article de Jorge Reichmann, al qual vaig tenir la oportunitat de conèixer personalment aquest estiu, que posa les paraules al meu pensament més important: Cal deixar d’intentar tornar aquest deute per a poder treballar en la reconversió de la societat que necessitem.

Perdonar els deutes i començar de zero no és una idea nova. Fins i tot està a la bíblia! però quan vam fer la campanya del deute etern dels països més empobrits ja vam reflexionar respecte a parlar més de condonació que no pas de cancel·lació. O, en tot cas, de cancel·lar el deute odiós o l’il·legítim. Avui al CCCB es projecta el documental “debtocracy” que parla d’aquest tema.

La proposta que jo tinc al cap és més o menys que els creditors acceptin no reclamar el que els hi deuen -o acceptin renegociar-ho fins a nivells sostenibles per a tothom- i amb l’argument de “o bé acceptes això o bé potser tampoc ho cobraràs perquè no es pot pagar.” I que els que deuen diners continuen pagant mentre puguin, però que aquests ajudaran a pagar la transició necessària cap a la societat sostenible. La Susan George va declarar que caldria una economia de guerra per a poder finançar aquesta transició.

Finalment avui a Acordem Attac han publicat un comunicat en què s’adhereixen a l’auditoria del deute espanyol. Campanya començada després de les jornades de principis d’octubre a Madrid.

L’ article del Jorge és el següent:

Algo más sobre deuda (¿qué hacemos con 134.000 millones de planetas Tierra de oro puro?), publicat a Rebelion el 23 de novembre. I al seu web el 21.

tratar de comprender, tratar de ayudar

Salvar la Tierra, se titulaba dramáticamente el número de junio de 2010 de Investigación y ciencia (la versión española de Scientific American). Pero la cuestión es: o salvar la Tierra, o hacer buenos negocios. Se trata de una disyunción excluyente: ambas propuestas no son viables a la vez.

El desajuste último, el que condena de forma inapelable a este sistema económico –el capitalismo que precisa una expansión constante, aunque se encuentra dentro de una biosfera finita–, es una idea errónea: tratar de vivir dentro de un planeta esférico y limitado como si se tratase de una Tierra plana e ilimitada.

Como si los recursos naturales fuesen infinitos, como si la entropía no existiese, como si los seres humanos fuésemos omnipotentes e inmortales.

Blas de Otero –de quien por fin se han publicardo los poemas póstumos agrupados en Hojas de Madrid, con la galerna– quería escribir “la poesía en los siglos futuros con el pan en medio de la mesa y un avión a Marte todos los miércoles”. No llegó a intuir –como le pasa a la mayor parte de nuestra izquierda— que el esfuerzo por inaugurar la línea aérea a Marte (que no se inaugurará jamás, dicho sea de paso) es una de las causas que impiden que haya pan encima de cada mesa.

Basta hacer números durante diez minutos para saber que esta civilización está condenada. Incluso la devolución de la deuda, el prerrequisito del capitalismo, resulta matemáticamente posible sólo a corto plazo. En un cálculo al que me he referido otras veces (y que recuerda el buen George Monbiot), Heinrich Haussmann mostró que un simple pfennig –un céntimo de marco alemán– invertido al 5% de interés compuesto en el año cero de nuestra era habría sumado en 1990 ¡un volumen de oro equivalente a 134.000 millones de veces el peso del planeta! (Decía el físico Albert Bartlett que “la mayor carencia del ser humano es su incapacidad para entender las implicaciones de la función exponencial”. [1])

Y el capitalismo persigue un valor de producción conmensurable con el reembolso de la deuda… Puro wishful thinking: pero a semejantes disparates se subordinan las políticas y las vidas humanas (así como las no humanas, claro está) bajo la dominación del capital.

Endeudarse para crecer, y crecer para pagar las deudas: así se ligan capitalismo financiarizado y devastación ecológica.

No hay en el planeta Tierra recursos naturales suficientes para pagar la deuda emitida, acumulada, aceptada. Esa montaña de dinero virtual ha de ser denunciada (la banca privada es una de las instituciones que no podemos permitirnos en una sociedad sostenible).

Un sistema socioeconómico que sólo sabe abordar la realidad –las realidades— en términos de rentabilidad y beneficio está condenado. Esto es una obviedad: pero una obviedad sobre la que no podemos insistir demasiado, ya que las mayorías sociales, en nuestros países, siguen sin verla.

Seguir pensando hoy en términos de business as usual –más crecimiento del consumo para que tire de la producción; más aumento de la producción para incrementar el consumo; más endeudamiento para crecer más; más crecimiento para pagar la deuda— resulta equivalente a ser niños de 35 años que patalean en el suelo: ¡no es verdad, no puede ser, los Reyes Magos existen, no son los padres!

Pero ya vamos siendo mayorcitos, ¿verdad? ¿Ya se nos puede decir que los Reyes Magos son los padres? ¿Y que el “desarrollo sostenible” basado en un supuesto desacoplamiento (decoupling) entre crecimiento económico e impacto ambiental es, o bien engaño de los poderosos, o bien autoengaño?

[1] Se hallarán algunos textos de este profesor de Física de la Universidad de Colorado (Boulder) en su web http://www.jclahr.com/bartlett/. Debo esta cita a Pedro Prieto.

Jorge Riechmann es profesor de Filosofía Moral de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de Ecologistas en Acción

La foto és de l’ODG. L’acció va ser a plaça Catalunya i jo estava en alguna lletra. Els mitjans van fer acte de absència i ni tan sols van publicar la foto que els vam passar més tard. Un altre exemple de censura. Recordo que el periodista de l’Avui estava allà perquè va sortir la foto de les sardanes d’un pervers centre comercial que està a la plaça.

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